La apertura de la información desde el inicio
del nuevo milenio ha generado vastas oportunidades
sustancialmente atractivas así como
reacciones desatinadas para la democratización
de los nuevos tiempos. Y es que la información
disponible en principio para todos, no lo es entendible
en la misma medida, de tal manera que los medios de
comunicación la toman, la manipulan, y la venden a una sociedad
no preparada que compra esa información y cree en su
alteración.
Es esta apertura un signo indispensable para poder hablar
de una democracia en vías de desarrollo como lo es la mexicana,
sin embargo, la calidad de preparación y educación de los individuos
de cierto estado demócrata es fundamental para conocer
el resultado positivo o negativo del fenómeno informativo. De
entrada, la apertura de la información es sustancial, decíamos,
para la democracia, y el análisis pendiente de la calidad de los
individuos no cambia en ninguna manera la necesidad de que de
facto (y un tanto más de iure) la información deba ser accesible
para todos.
Sin embargo ?en qué puede incidir la calidad de los individuos
receptores de la información? En su asimilación y entendimiento,
como es de suponer. El grado de capacidad de crítica del
receptor de la información es directamente proporcional al bien
que ésta le puede provocar a su desarrollo personal, y el mismo
argumento individual lo podemos reproducir respecto de la pluralidad
de los individuos y el desarrollo de un país.
Veamos los sujetos en juego. Por un lado está el gobierno,
padre original del control informativo (del masificado, por lo
menos), pero últimamente desbancado por los medios de comunicación
en la adquisición, difusión, y -lo que nos interesa- manipulación
de la información (he aquí el siguiente sujeto). Por
último está el individuo, el ciudadano ?de a pié? quien recibe esa
información, suelta por el poder central, y adquirida, manipulada,
difundida, muchas veces creada y alterada por los medios. Esta
relación que originalmente fue trilateral (gobierno, medios, individuos
receptores), es bilateral desde la apertura de la información
y la democratización de la sociedad (medios y receptores),
en donde el gobierno participa muy poco, y cuando lo hace no
provoca diferencia sustancial que signifique tomarlo en cuenta
como un tercer sujeto en el fenómeno de
la información. En esta
relación de dos, los
individuos miembros
de la sociedad
democrática pueden
seriamente modificar
el resultado del fenómeno
informativo.
Muy distinto es el
argumento del beneficio
de la apertura de la
información que afirma
un ?acceso a la información por todos?, de aquel que afirmare un verdadero entendimiento
de la misma. El ciudadano formado y educado, preparado
y crítico, difícilmente compra la información inverosímil
difundida por los medios; es más, la toma como una medida
de precaución y ánimo para hacerse de fuentes confiables y con
base en ellas construir una crítica necesaria para el avance. En
cambio, el individuo incompetente, iletrado, ignorante y víctima
de un sistema de educación ineficiente, compra la información
que recibe sin un juicio propio. Los medios de comunicación
ante un auditorio así ganan un poder ilimitado: la manipulación
de las masas, la entrega de la información con un veredicto1, y el
círculo vicioso de la no preparación de los individuos pues creen
estar lo suficientemente informados como para preocuparse al
respecto.
Solamente así se entiende que en un país (especialmente
uno en vías de desarrollo) los líderes de la opinión pública con
más espacios sean sujetos sustancialmente vacíos, sin especialidad
en temas concretos, conocedores ?por obra de magia- de
todo tipo de temas. Comentan, critican y enjuician en cualquier
escenario del saber, cual si fuese aquel el escenario de su especialidad.
Líderes mediáticos que, no obstante su participación incansable en medios, se jactan de conocer a fondo aquella noticia
que difunden.
El problema no está en que difundan todo tipo de información,
ni que trabajen incansablemente difundiendo la nota del
día, arrojando nuevos datos estadísticos del avance de la historia
o simplemente dejando hablar a aquellos expertos en el tema, no.
El problema se encuentra al momento en que dictan un veredicto
respecto de aquella noticia que difunden, pues sólo entonces
resulta importante el conocimiento que tengan del asunto.
Líderes mediáticos que trabajan de las cinco a las veinticuatro
horas en distintos medios (radio, televisión, prensa), sin descanso,
?en qué momento se hacen de ese conocimiento
que dicen tener al sentenciar
la información?
como si dicho conocimiento
pudiere
ser brindado por un
equipo de trabajo (por
más amplio que sea) en
unas cuantas hojas resumidas
y leídas minutos
antes de comenzar la
transmisión.
Es imposible tener
el tiempo de calzar muchos
puntos en cualquier
tema concreto si su tiempo
se agota en la difusión y crítica (infundada) de la información. Cualquier información
medianamente científica, en cuanto a su obtención, así parta
de una hipótesis preconcebida, es precedida por un proceso de
investigación, un proceso de conocimiento primario para poder
llegar ?luego de?
a un resultado.
El resultando de la suma lo dan los sumandos; el producto
de la multiplicación, los factores; de la misma forma, la crítica
fundada sobre un tema la permite una investigación y conocimiento
sobre el mismo.
En cambio, esos líderes mediáticos al enjuiciar la información
superan toda regla de procreación natural al parir hijos sin
padres. Producen libros con portadas plácidas sin hojas entre
ellas; opinan sin saber.
No solamente hay que advertir sobre la información ya
juzgada que nos brindan los medios, sino que esa sentencia informativa
es producida por líderes sin sustancia, líderes ignorantes:
líderes mediáticos. Siendo el panorama negativo, la solución es
amplia, posible y muy positiva.
-Educación en términos amplios y el direccionamiento de
la misma que ya se imparte, sobretodo, a la juventud. Esa juventud
que Sartori muy atinadamente la describe alienada por los
medios. Sólo mediante su educación dirigida construiremos una
base que impida esa manipulación y provoque la caída del muro
de los medios, tan esclavizante y falso. De nada sirve educar para
escuchar sin más. Es menester educar para escuchar, conocer, reflexionar,
y en último lugar pero no menos importante criticar.
Educación de los jóvenes pues son ellos quienes ocuparán los
liderazgos mediáticos y eventualmente educarán a los menores.
-Etiquetar a los líderes valiosos por parte de la ciudadanía,
aquellos líderes que conocen y se limitan a temas concretos para
?sólo así ? criticarlos y sentenciarlos. Fomentar su atención, y
desincentivar la atención de aquellos carentes de contenido. Entonces
generaremos individuos capaces de pensar por sí mismos,
críticos de decisiones equivocadas y alentadores de las atinadas,
humanos solventes de problemas.
Es cardinal generar una advertencia en ambos sentidos hacia
el público ajeno a los medios: la información está sentenciada
y el juez es ignorante.