Es reacción ordinaria que al observar el título del presente ensayo se piense en las muy desafortunadas
decisiones del popular Antonio López de Santa Anna en el a?o de 1848, fecha marcada
por una clara traición a la patria derivada de la conocida entrega de territorios mexicanos al Estado Norteamericano, u otro caso personificado por el siempre
vanagloriado Benito Juárez García al celebrar el Tratado de McLane-Ocampo, por el que concedía a los Estados Unidos de Norteamérica (?otra vez!) el libre paso por el Istmo de Tehuantepec
a cambio de favores políticos y ayuda militar. Sin embargo, no escribo esta vez sobre las infames acciones presidenciales que vulneraron la soberanía mexicana, sino sobre la posibilidad de que México puede ser un gran Estado. Me explico.
A casi doscientos a?os de la gesta independentista de los Estados Unidos Mexicanos debemos todos los ciudadanos, considerados
políticos, empresarios, estudiantes, dirigentes sindicales,
y demás actores en la vida nacional, guardar segundos de reflexión sobre lo que en dos centenarios hemos podido hacer, pero sobre todo, lo que ha sido inviable realizar en favor de nuestro
país. Es verdad que esta sociedad es poseedora de muy diversas
naturalezas, ha sido tenedora de muy variadas circunstancias económicas, mantiene un conflicto pacífico religioso y habrá de tener por muchísimo tiempo una variación de los intereses políticos
y de gobierno. No obstante ello, ha logrado la creación de grandes instituciones, importantes reformas, la primera Constitución
que defendió los derechos de los trabajadores y actuó de forma proteccionista con otros derechos adicionados a la misma. La realidad desafortunadamente nos ha rebasado y es por ello que en vísperas de la pensativa conmemoración de emancipación
europea (sólo en lo político y no tanto así en lo cultural), es necesario comenzar la transformación, que aunque traerá costos importantes debemos asumirlos.
En concreto, como primer paso mexicano (así será como mencione a la trayectoria para el cambio) los nacionales quedamos
obligados con nuestra patria para provocar una conciencia ciudadana real por la que se logre una sociedad participativa e incluyente, con toma de decisiones informadas y documentadas, pues existen millones de compatriotas que lo ?nico que hacen es emitir opiniones poco responsables, comentarios de arrogancia improductiva, así como mensajes de ataque al gobierno en turno, cualquiera que sea, priista, perredista, panista, en fin, mayoritariamente
se tiene la idea de que la solución siempre está en el gobierno, que innegablemente nuestros políticos son quienes tienen que resolver todos los problemas que acontecen en este espacio geográfico. Al respecto considero que es verdad que la Constitución Política de México ha dotado a los poderes de la Unión, a las Estados ?soberanos?, al Distrito Federal, a los Municipios
y por ende a todos los servidores p?blicos, de facultades y atribuciones que tienen la posibilidad de ejercer y que en un porcentaje elevado muchos de nuestros representantes se han olvidado, es cierto. Pero también es necesario decir que en la medida
en que la sociedad exija inteligentemente, en que comience a emprender acciones para mejorar México, ese día habremos logrado el primer paso mexicano: que el pueblo haya decidido
por su país. Bien decía el famoso Presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, ?no preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti, pregunta qué es lo que t? puedes hacer por tu país?. No hay duda que esta época es el momento propicio para consolidar la voluntad ciudadana.
El segundo paso mexicano debe estar encaminado a la confianza
en la acción p?blica, trabajo que deben emprender tanto políticos como ciudadanos. éstos a través de la incluyente participación,
como lo mencioné en el párrafo que antecede, y aquellos por medio de la responsabilidad que significa asumir un cargo p?blico.
Históricamente muchas personas que podrían ser consideradas
como balanza en la vida de la humanidad han opinado sobre el servicio p?blico, así, la Madre Teresa de Calcuta dijo que ?el que no vive para servir, no sirve para vivir?, o el gran poeta Rabindranath
Tagore quien mencionó lo siguiente: ?Dormía..., dormía y so?aba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir... y el servir era alegría?. Imaginemos que un candidato a Diputado Federal so?ara con alguno de estos términos, por un momento pensemos que estos son ideales que debemos inculcar en la nueva sociedad mexicana, ense?emos a nuestros hijos a amar México y a buscar las mejores vías de crecimiento. Termino este párrafo citando a un estadista inglés que vivió y murió en el siglo XVIII, el Conde de Chesterfield, quien sugirió la frase siguiente: ?Si te propones alg?n día mandar con dignidad, debes servir con diligencia?.
La suma de todo lo expresado nos lleva al importante tercer paso mexicano, relevante pues éste trata del México en el exterior y es este el trasfondo del presente artículo. ?Cómo es conocido y visto nuestro país en el extranjero? Si bien es cierto ?el mexicano? es famoso por sus fiestas y por la alegría que transmite estando en otros países, por la milenaria cultura indígena, por sus tradiciones,
por su gastronomía o por sus pueblos mágicos, también lo es que hasta el momento no hemos sido reconocidos internacionalmente
por tener establecido un buen gobierno, por haber logrado el desarrollo económico de un país de primer mundo, por haber superado la barrera de los cincuenta millones de personas
que hoy viven en la pobreza extrema, o por tener uno de los mejores niveles de educación. Siguiendo el mismo orden de ideas, cierta persona me platicó alg?n día una experiencia que ha de ser tomada en cuenta para el tema que hoy trato. En un viaje al país brasile?o, el capitán del avión donde volaban anunció la llegada al aeropuerto de Río de Janeiro y dio la bienvenida; acto seguido al aterrizaje dos grandes focos de color verde y amarillo se encendieron dentro de la aeronave y parpadearon repetidamente.
?Ahí estaba la Rep?blica brasile?a! Esos dos focos que representan los colores de la bandera de aquel país demostraban la pertenencia y orgullo de muchos miles de personas.
Justamente eso es lo que le hace falta a México, empezar a pensar que estamos en un mundo globalizado y que la opinión que pueda tener un país extranjero, un comerciante extranjero o un simple ciudadano foráneo, puede redundar en mejores relaciones
diplomáticas, más fructíferas inversiones o más turismo. Vendamos el producto ?México?.
Sinceramente lo pienso? México tiene solución. Logremos
lo que muchos países han podido realizar, confiemos en las instituciones que nos habrán de representar por mucho tiempo más, seamos conscientes del significado que los independentistas de 1810 querían para nuestro presente. A doscientos a?os de aquel movimiento pensemos México y hagamos realidad el cambio que necesitamos.
?VIVA MÉXICO!