Durante mis primeros días en la Escuela Libre de Derecho me llamaba la atención que los profesores, casi por unanimidad, estigmatizaban a un hombre, a un gran jurista que transformó la Teoría General Derecho; el hombre a que me refiero lleva el nombre de Hans Kelsen. Me he permitido referirme a el en tiempo presente, pues si bien es cierto que en el a?o 1973 murió, hoy permanece vivo a través de su doctrina, hasta la fecha insuperada.
Me llamaba poderosamente la atención
que las críticas vertidas sobre Kelsen,
en el noventa y nueve por ciento de los casos, eran infundadas. Para citar un ejemplo, un profesor se atrevió a formular
un parangón entre Kelsen y Keynes, diciendo que Kelsen era como el Keynes del Derecho; sus argumentos, si es que se pueden considerar como tales para sostener
lo anterior, se basaban en el mal que supuestamente habían causado Keynes y Kelsen en la historia mundial. Lo anterior no puede estar más errado porque sería desconocer que fue precisamente Keynes a través de sus estudios, quien ayudó a salir a los Estados Unidos de la crisis más atroz de su historia. En cuanto a Kelsen en este afán de algunos poco letrados, de pretender adjetivarlo como ?malvado? no puedo decir más que lo siguiente: si consideramos, con un afán escolástico, a toda ciencia como malvada y depravada,
entonces Kelsen sí era un malvado, el más malvado si se prefiere. Kelsen fue aquel malvado, aunque no fue el ?nico ni el primero, que se atrevió a decir que la moral no es derecho y que, por lo tanto, solamente el derecho positivo es derecho. La ciencia se construye a través del incesante cuestionamiento,
porque para la ciencia, no hay verdades absolutas, ya que de existir las anteriores, estaríamos matando todo intento de suplantar descubrimientos anteriores por unos nuevos y mejor fundamentados. Sin embargo, la pregunta persiste: ?qué es Derecho
positivo? No es la ley, ni las palabras escritas en los códigos,
es simplemente aquel derecho compuesto por normas que se encuentran supuestas y puestas en el tiempo y en el espacio; el Derecho Positivo es la norma efectiva, es decir, aquella que se aplica, que no se queda suspendida en el aire como buenos deseos del legislador.
Otro ejemplo, que a mi parecer es peligroso, es juzgar al jurista del Siglo XX tomando como texto de estudio una crítica escrita por Luis Recasens Siches de no más de veinte cuartillas, acerca de la Doctrina de Hans Kelsen. No se trata de demeritar al maestro Luis Recasens, que dicho sea de paso, fue un gran jurista. Se trata de poner de manifiesto, de denunciar una práctica
a mi juicio nociva para las almas jóvenes. Luis Recasens, en efecto, fue un grande y se cuenta que pregonaba en sus clases
en la Facultad de Derecho de la UNAM el hecho de haber destruido la Doctrina de Kelsen en una plática de café, cuando lo más probable es que Kelsen, a sabiendas de la potencia de su teoría, hubiese fingido haberle dado la razón con la finalidad de evitar una confrontación entre ius positivismo y ius naturalismo; el mismo Kelsen sabía que era un debate bizantino y circular, que se convierte en el eterno retorno de lo mismo como diría el gran Nietzche. La respuesta de Kelsen era obvia, no existe otro Derecho que el Derecho Positivo.
Otra anécdota curiosa es aquella que se dio en el examen profesional de un destacado alumno de la Facultad de Derecho. Al momento de discutir la ?Teoría Pura del Derecho? el citado maestro dijo ? ?fulanito yo he comido y he cenado con Kelsen!- la respuesta contundente del alumno fue ? estamos aquí, querido maestro, para discutir el pensamiento de Kelsen y no para hablar de sus relaciones sociales.
Dejando de lado lo anterior, y focalizando nuestra atención en lo que ocurre en la Escuela Libre de Derecho, debo reiterar que las críticas sobre Kelsen son violentas e infundadas, ya que se le atribuyen palabras jamás escritas o pronunciadas por él. Sin embargo, no debemos juzgar a los críticos de Kelsen, ya que sus críticas son producto de la ignorancia y de la práctica de criticar con el simple fundamento de leer lo que un autor dice que dice Kelsen.
Un día, un maestro culpó directamente a Kelsen por los crímenes del Holocausto ? por culpa de Kelsen se justificaron las atrocidades del holocausto ? dijo el se?or. Lo anterior es otra crítica sin sustento. Acusar a Kelsen, un austriaco de origen judío,
refugiado durante la Segunda Guerra Mundial, de ser la causa de la muerte de millones de judíos es un absurdo. Durante
el ascenso del Nazismo, Hans Kelsen, impartía cátedra en la Universidad de Colonia; empero, debido al poderío creciente de la ideología Nacional Socialista, se vio obligado a salir de Alemania.
Brincó de país en país por Europa, primero a Suiza y después
a Rep?blica Checa. No hay lugar a dudas de que Hitler fue arrollador, por lo tanto, Kelsen buscando su instinto más puro de supervivencia deja Europa para refugiarse en los Estados Unidos
de América. De jurista y filósofo pasó a ser un refugiado de guerra, por eso es incorrecto que se le imputen consecuencias de las que él no fue la causa. Afirmar que Kelsen fue causante de uno de los acontecimientos más atroces de la historia, es admitir implícitamente la ignorancia que se tiene sobre la vida del hombre,
que constituye el objeto de estudio de esa crítica infundada, pues un hombre por naturaleza busca su bienestar, y si Kelsen hubiese sido parte del Nazismo, hubiese sido protegido como lo fueron muchos judíos, por el simple hecho de traicionar sus raíces y claudicar en favor del poder por el poder.
Mi intención con estas palabras no es otra que la de luchar por la razón. No pretendo ejercer un derecho de réplica o un derecho
de audiencia a favor de Kelsen, porque su obra se defiende por sí misma, es escuchada y vence en juicio. La práctica reiterada
de adjudicarle palabras a Hans Kelsen, sin que él mismo las haya pronunciado debe cesar. Debe cesar porque esa práctica practicada, valga la redundancia, por algunos maestros genera prejuicios, que en ocasiones impiden el análisis lógico racional del alumno, debido a que al llegar al estudio de un texto, llegan contaminados por lo que piensa un maestro sobre lo que dice un autor que dice Kelsen.
Sin lugar a dudas, toda teoría es perfectible, incluyendo la de Kelsen. Nuestra labor como jóvenes juristas es cuestionarlo todo, buscar el porqué de todo y nunca cesar hasta descubrir la verdad, nuestra verdad, que al fin y al cabo es siempre relativa y subjetiva.